Abres los ojos y estás en el coche, vas por la carretera. Miras hacia atrás: nadie (estás solo). Enciendes la radio: nada (aquí no llegan las emisoras). Miras hacia delante: sólo una recta que se funde en el horizonte. El sol aún esta alto.
Por el retrovisor ves una salida más atrás, una que dejaste pasar, como tantas otras. Pero lo importante es que sigues adelante (¿no?). Pues nada, a seguir. Pero pronto aparece otra salida. No sabes que hacer, y tras un momento de duda se te pasa ya sólo se ve desde el retrovisor (joder, y ahora qué). Bueno nada, seguimos hacia adelante. (¿hasta dónde?) (yo que sé). Empiezas a recordar. Llevas toda tu vida por esa carretera, dejando pasar una y otra salida por que estás cagado de miedo y claro, si sigues por la recta por lo menos ves lo que hay delante. El sol está más bajo (¿o es una ilusión mía?).
Sí que tuviste que elegir más atrás, en alguna bifurcación, pero ahí no tenías más remedio que tomar una decisión. Ahora en la recta puedes (¿puedes?) ignorar de momento todas las oportunidades que se te presentan y seguir avanzando. Porque esto es avanzar (¿no?). Eso te han dicho siempre. Ahora otra salida a la izquierda. Pero está sin asfaltar, camino de tierra (uf). Sigues recto; se va de lujo por donde vas ahora, no tiene sentido cambiar esta de ruta y ensuciar el coche con el polvo. Además que no parece que seguir un camino de tierra te vaya a llevar a algún sitio interesante (¿seguro?) (yo que sé). Definitivamente el atardecer está al caer.

Ya recuerdas el viaje completamente, desde que empezaste en los asientos de atrás sin enterarte de nada, cuando eran otros (¿mis padres?) los que conducían el coche (qué tiempos). Y hasta recuerdas el día que te dijeron: te toca, tú conduces. Pero por entonces aún tenías compañía en el coche y las cosas eran más fáciles (qué tiempos). Nunca esperabas encontrarte como ahora, tú solo. Tú solo por la carretera. Tú solo por tu vida. Y tantos y tantos (y tantos) posibles cambios de dirección que dejaste. Y en muchos te habría ido bien (¿tú crees?). Se ven ya las primeras estrellas en el cielo, enfrente del sol.
Te llega un susurro: la duda. Que a ver si tu salida era esa de detrás. O la anterior (¿o la anterior?). Pero no sirve de nada pensar en eso porque la carretera no admite cambios de sentido (joder, y ahora qué). Sigues adelante, las manos en el volante, la mirada atenta, a la espera (¿de qué?). A la espera de que encuentres tu salida, o mejor aún, a la espera de que se te pase de una vez este miedo que no te deja elegir. Porque en realidad no hay un sólo camino; todas las salidas son la tuya y puedes ir adonde te dé la gana. Ya es de noche.